Gracias señor por darme la conexión con mi hermano y sus mensajes de aliento y fortaleza.
Lo veo y escucho para tener la claridad en mi tránsito por esta vida.
Tú, que lo has nombrado en la perfección, será propuesto por mí cuando me toque definir las compañías en tus vastos dominios.
Así será entonces, mientras esté acá: Los domingos son tuyos, sin almas que cuestionar y dadivas para celebrar. Las trompetas sonarán y tus melodías me acompañarán, para anunciar tu venida en los corazones de quienes acepten ser parte de las inventivas; susurradas por las consonancias de la vida, que yo he escuchado en mis días.
El temor es para con el error y no para con la misión. Siendo el miedo el gran adversario a derrotar, para que no me deje sin capacidad de actuar, cuando deba comenzar a parlamentar los argumentos de mi creencia de tu divinidad.
Gracias por plantarme en esta tierra y no en otra. De mis progenitores en la carne, solo debo honrarlos y no dejarlos; a mis hermanos quererlos y abrazarlos. Para con los que nos sucedan, prepararlos en lo sagrado.
Gracias por las revelaciones de lo que se ha armado. Por las infinitas fijaciones que he dejado, en tu red que me has encomendado. Entendiendo que llegó su tiempo para que actúe como se está esperando.
Llegó el tiempo de la luz que emites desde la estrella más cercana a nuestra existencia. La oscuridad se cierne en nuestro lapso de tiempo, siendo testigos de las guerras entre las fuerzas del bien y el mal. Por ello no dejes de presentarnos el brillo en el amanecer y la luz cálida al atardecer, para seguir agradeciendo tu infinita bondad por la humanidad que nos ha permitido vivir acá.
Sea tuyo el poder y la gloria, por todo el plazo que a nosotros nos permitas seguir aquí.
Que así sea.
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